Casi mágico, indiscutiblemente místico, tradicionalmente interesante y
exuberantemente bello, así es Santiago Apoala, cuna de los mixtecos. El lugar que Dios le regaló
al primer hombre y la primera mujer de esta raza para que ahí construyeran su paraíso. Cuenta la
leyenda que el primer hombre y la primera mujer mixtecos, nacieron de un árbol, en un paraje aún
conocido como Stinu, cerca de la peña donde "descansaba el cielo" (Cawacandivi).
¿SABÍAS QUÉ...?
Apoala, Cuna de Mixtecos
Por Alejandro
Leyva Aguilar
Casi mágico, indiscutiblemente
místico, tradicionalmente interesante y exuberantemente bello, así es Santiago Apoala, cuna de
los mixtecos. El lugar que Dios le regaló al primer hombre y la primera mujer de esta raza para
que ahí construyeran su paraíso.
Cuenta la leyenda que
el primer hombre y la primera mujer mixtecos, nacieron de un árbol, en un paraje aún conocido
como Stinu, cerca de la peña donde "descansaba el cielo" (Cawacandivi).
Otra de las leyendas famosas entre la cultura no sólo mixteca
sino oaxaqueña, es la del flechador del sol, que no habiendo humano más a quien vencer, quiso
matar al sol de un flechazo y para ello se postró "en la peña donde descansaba el cielo".
Dicen que las leyendas algo de verdad tienen y en el
caso de las mixtecas, son corroboradas o por lo menos aceptadas por uno de los códices más
importantes en la historia prehispánica de México, el Bindobonensis.
Dicho códice en algunas de sus partes habla claramente del lugar y de la manera
en la que el primer hombre y la mujer mixtecos nacieron y platica según su pictografía, de
lugares de los cuales aún hay memoria entre los habitantes de la mixteca.
En la década de los 70s llegó a México un investigador holandés
de nombre Martín Yansen que andaba buscando la ruta de los mixtecos desde su inicio y traía
consigo una copia del Códice.
Siguiendo la Pictografía
del Bindobonensis, Yansen llegó hasta Nochixtlán, donde se encontró con un joven que desde ese
tiempo soñaba con saber más de sus antepasados: Mayolo Alvarado García. El investigador tenía una
idea de que en alguna parte de la mixteca encontraría los lugares que marcaba el Códice cómo la
cuna de la cultura mixteca y al platicar con Mayolo Alvarado, se dio cuenta que el final de su
camino era un pintoresco pueblillo ubicado a unos 110 kilómetros al norte de la capital oaxaqueña
llamado Santiago Apoala. Mayolo, al escuchar los nombres mal pronunciados por el holandés y una
guía mixteca, reconoció de inmediato los lugares que recorría de pequeño: el Cawalaqui,
Cawa-candivi, Stinu, Cawadocoyó, Yavicomá y Yodomá.
Cuenta el actual guía que al decirles que conocía a la perfección esos lugares,
el investigador emocionado sacó de su mochila una copia del códice Bindobonensis y le mostró los
lugares y su importante significado, incluso, el nombre en mixteco de Apoala que traducido del
Nahuatl, significa Río que Arrastra.
Desde entonces,
la vocación de los habitantes de Santiago Apoala, ha cambiado radicalmente. De ser un pueblo semi
productor de trigo y maíz y estar distante por lo menos un día de camino hacia Nochixtlán, pasó a
ser uno de los lugares turísticos más importantes dentro del esquema del Tourist Yu'u. Santiago
Apoala hoy por hoy, es un destino turístico de los más importantes, visitado por infinidad de
personas provenientes de todas partes del estado y el interior de la República.
No obstante la cons-tante presencia de personas ajenas a la
población, Apoala, no ha cambiado ni un cen-tímetro la cultura y tradición que los caracteriza
desde tiempos inmemorables.
Dice Mayolo Alvarado que
aún conservan la tradición de que al morir una persona , el Alcalde Primero Constitucional, debe
expedir un "pasaporte", que sirve a la vez permiso para ser enterrado y salvoconducto para los
guardianes del cielo, para que lo deje entrar y morar en el edén.
El pasaporte, dice Mayolo, tiene que ponerse en el pecho del difunto para luego
ser sepultado en el panteón municipal con la presencia de la mayoría de los habitantes de la
población.
Por otro lado, Alvarado García recuerda que
el testamento que debe hacer cada persona que tiene algo qué dejar, no tiene ninguna guía
jurídica y no es igual al que se haría en cualquier parte del mundo.
Para empezar, el documento lo tiene que suscribir, no una persona en pleno uso de
sus facultades físicas y mentales, sino un moribundo y debe ser dirigido al Santo Patrono de la
comunidad Santiago y a las autoridades municipales o agrarias según sea el caso de las posesiones
del próximo difunto.
Mayolo señala que estas
costumbres son prehispánicas y solamente el elemento católico, es introducido por los curas que
llegaron a posesionarse de la mayoría de las tierras de Apoala en los inicios de la Colonia.
El Historiador e investigador Miguel Ángel Audiffred
Bustamante recuerda que ese pasaporte tiene un nombre específico entre los mixtecos, se llama
penate y es labrado a veces en jade y desde que la persona es pequeña y eso le permite entrar al
inframundo, lo guía y lo cuida durante la travesía hacia la muerte
El pueblo, en pleno día de muertos, no dista mucho de las tradiciones generales
del Estado, sin embargo esos dos elementos lo distinguen de los demás porque ciertamente lo hacen
único.
La Leyenda del Cawalaqui: Si una persona se
encuentra en el modulo turístico construido por el municipio de Apoala y se sienta en una de las
sillas a degustar un buen caldo de frijoles, no puede dejar de alzar la vista y observar a través
del techo de cristal del módulo la imponente "peña del diablo" (Calawaqui).
Una enorme montaña cortada de tajo, que deja ver la roca viva
antes de que se deslice una verde pendiente sobre el valle, es el vigilante mudo de Yutsa-to'on.
La montaña deja ver un hueco que a la distancia parece
pequeño pero que al acercarse va tomando forma una caverna.
Los oriundos, le temen a la cueva y reconocen la peña como la del diablo y a la
cueva como la morada del "Laqui" o demonio que le hace mal a la comunidad.
Dice la leyenda, platicada descriptivamente por el profesor y
lingüista mixteco Ubaldo López García, que en Yutsa-to'on, se perdían los niños recién nacidos y
toda la gente pensaba que el laquio demonio, se los llevaba.
Entonces alguna mujer con la suficiente inteligencia, amarró al pie de su pequeño
crío, un hilo, para que no se le perdiera.
Sin
embargo, una noche el bebé desapareció y la mujer siguiendo el hilo, llegó hasta el Cawalaqui,
donde encontró a su pequeño.
Más tarde, los habitantes
de Santiago Apoala, subieron a la peña con el cura del lugar y bendijeron la cueva, además de
dejar pruebas de que llegaron porque pusieron en el interior tres cruces de las cuales solo se
conservan dos, una en mal estado y la otra íntegra.
Ubaldo López, analiza: "Las leyendas de Apoala, mucho tiene que ver con la
realidad del pueblo. La cueva del Diablo, guarda un tesoro invaluable para los mixtecos que es la
escultura de un guerrero mixteco, quizá el flechador del sol".
Siguiendo la lógica hispánica dice el profesor, el hecho de encontrar un
adoratorio profano, era motivo suficiente para construir sobre de él, un motivo religioso, por
ello las cruces en la cueva pero no pudieron los clérigos destruir la escultura porque está sobre
la piedra.
Sin embargo el hecho de que existan quiere
decir que alguien se tomó la molestia de llegar hasta el adoratorio mixteco, destruir los
vestigios prehispánicos y sembrar ahí las tres cruces que confirman el modus operandi de los
curas de aquella época.
El águila de dos
cabezas
Hablando de curas, otra leyenda más
adorna la memoria de los mixtecos de Apoala: La leyenda-historia de un monstruo de dos cabezas.
Cuenta Mayolo Alvarado y Ubaldo García que hace muchos
años, quizá en tiempos de la colonia, en el siglo XVI, Apoala era dominada por los curas
católicos, al igual que las demás comunidades de la mixteca.
En la Parroquia de Yutsa-to'on, había un cura que tenía todo el control político
y por ende todo el poder económico de la región, pero tenía un problema: sus borregos y sus
chivos desaparecían cada noche porque un "demonio de dos cabezas se los comía o se los llevaba",
por lo que ordenó su cacería inmediata.
Los mixtecos,
con el natural miedo que supondría la caza de un monstruo, buscaron al ente y lo encontraron en
el preciso momento en que levantaba en bruces a un borrego del cura.
No era un monstruo, pero si una malformación de la naturaleza y mataron al
atrevido y raro animal, para luego llévaselo al cura que impresionado, ordenó que lo disecarán.
Se trataba de un águila bicéfala. Un ejemplar rarísimo
de los cuales se tiene memoria en la costa de Oaxaca e incluso es emblema de universidades
importantes como la Benito Juárez de Oaxaca y la Autónoma de Guadalajara.
Dice Mayolo Alvarado, que el cura mandó esculpir una imagen del
raro animal en maderos del templo que hasta la fecha se conservan y se pueden admirar en la
capilla.
El águila disecada, fue enviada como regalo
al Rey de España y según información, aún se encuentra adornando los pasillos del palacio real
español.
No sólo comentarios increíbles tiene Apoala,
también está adornado de exuberante vegetación y de bellezas naturales.
Los lugares que uno no puede dejar de visitar son el gran cañón,
con más de doscientos metros de altura por donde pasa el río con sus aguas cristalinas y frías.
A los que les gusta la adrenalina, en Apoala tienen el
espacio perfecto para practicar el alpinismo, hasta el vuelo en parapente, dejándose caer desde
una de las grandes peñas que circulan en el valle.
Una
cascada de por lo menos 150 metros de caída es una de las bellezas naturales más visitadas por
los turistas, al igual que la cueva donde existe una laguna interior.
En Yavicomá (cueva de las serpientes), explica Mayolo Alvarado, existe una cueva
interior conocida como de los deseos.
Mayolo asegura
que cuando Martín Yansen llegó a Apoala con su guía mixteca, entró a la cueva hoy conocida como
de los deseos, y como ellos estaban cansados de explicarles cada uno de los lugares, uno de los
acompañantes dijo: esta es la cueva de los deseos y si quieren que se les cumpla, tiene que
pedirlo en voz alta.
La primera que tomo la iniciativa
fue la acompañante de Martín Yansen, que pidió contraer matrimonio con el holandés e irse a vivir
con él al viejo continente.
Supimos que la cueva era
mágica, dice Mayolo, porque al cabo de muchos años volvió a visitar Apoala una muchacha que grabó
un video, se llama Itandehui Yansen, hija de investigador y de su intérprete mixteca.
"Al ver nuestro asombro del nombre y su apellido, Itandehui nos
dijo, sí yo soy el deseo de mi padre Martín y de mi madre Guadalupe y quiero saber de ellos".
Desde aquella ocasión, los visitantes conocen y saben
de la milagrosidad de la fe que se tiene en la cueva de los deseos, a más de uno se han cumplido.
Un extraño visitante
Dicen que los extranjeros son los más documentados sobre la
cultura mexicana y en cuanto a Apoala no hay excepción.
En 1965, llegó invitado por el Presidente de la República de ese entonces Gustavo
Díaz Ordaz, un extranjero que enamorado del lugar se quedó a vivir en él.
Asegura Mayolo Alvarado que se llama Laurent Jordan y que cuando
llegó, lo primero que hizo fue cambiarse el nombre, porque para los mixtecos era impronunciable"
por lo que se auto nombró Lorenzo Jordán.
Vivió seis
años en Apoala y tuvo que salir de ahí, porque su esposa enfermó y la tuvo que llevar a clínicas
especiales en los Estados Unidos.
Mayolo recuerda que
Lorenzo era muy amable con la gente, los mixtecos lo llegaron a querer y a respetar mucho al
grado de permitirle que se comprara tierras en la comunidad en la que construyó una casa.
Un día, explica Mayolo, le platicamos al gringo que en
Apoala habían "brujas de fuego" , que salían indistintamente y atravesaban Apoala por el aire
pasando de una peña a la gruta del Cawalaqui (la peña del diablo).
El gringo entonces, luego del relato; durmió tres meses en la azotea de su casa
hasta que por fin, una bruja de fuego atravesó Apoala.
El gringo de un salto bajo de su azotea y corrió hasta la peña del diablo, para
alcanzar a la bruja del fuego y no obstante a la velocidad y fuerza de Lorenzo, la bruja le ganó
la delantera y penetró a la cueva.
Cuando regresó del
Cawa-laqui, Lorenzo fue cuestionado por los mixtecos y éste les dijo que había subido a la peña
porque quería platicar con la bruja para saber que es, quien es o qué cosa es.
"Ni el gringo con todo su conocimiento y con toda su valentía
pudo saber qué son las brujas de fuego que se ven en Apoala" Lorenzo, dice Mayolo, ayudó a
que el gobierno Federal introdujera la energía eléctrica y a que llegaran apoyos importantes para
la comunidad.
El guía Mixteco, afirma que Lorenzo no
tenía otra actividad qué realizar en Apoala, más que aprender el Mixteco, desde sus raíces, para
lo que apuntaba cada palabra y se esforzaba en pronunciar correctamente realizando ejercicios
nasales.
Cuando desapareció el "gringo", dice Mayolo,
la comunidad se encargó de mantener su casa exactamente igual a como la había dejado, por lo que
hasta la fecha la casa se encuentra cerrada aunque las nuevas autoridades pretenden abrirla, pero
para eso tiene que conseguir el permiso de la comunidad.
Mayolo recuerda que alguna vez, luego de que se fue, encontró al gringo en México
y lo saludó, también recuerda que alguien le dijo que Lorenzo pertenecía al centro lingüístico
del Norte, por lo que lo relacionaron con la Central Intelligence Agency (CIA).
"Yo no sé a que exactamente vino Lorenzo, pero lo que si
puedo decir es que la gente lo quiso mucho y lo llegó a respetar como un miembro más de la
comunidad. Es verdad que aprendió Mixteco y muy rápido, pero nunca pensamos que lo hiciera para
hacernos daño".
Con oficinas en Mitla y en otras
regiones de Oaxaca, el Centro Lingüístico- se sabe hoy - sirve a la comunidad americana , no se
sabe si a la Central de Inteligencia, para aprender e interpretar dialectos o formas dialectales
ancestrales, mismas que son utilizadas para cifrar mensajes secretos con un alto grado de
seguridad.
Los atractivos culturales y naturales que
tiene Apoala, han sido un campo magnético propicio para atraer incluso a personalidades que dan
de que hablar luego de su visita.
De cualquier manera,
tanto el Bindobonensis, como los propios lugares de Apoala, encierran una mística que debe
vivirse y sentirse.
Cuando usted llegue al pie de la
cascada y sienta el poder del agua cayendo desde ciento cincuenta metros arriba, párese enfrente,
abra el compás de sus piernas y eleve los brazos y la mirada, sentirá que es nutrido con la
energía de todos los dioses que hicieron posible la maravillosa naturaleza de Santiago Apoala.